Relación conocimientos - habilidades - valoraciones
para el aprendizaje significativo
Si un elemento contribuye a la
efectividad del aprendizaje es la clara determinación y formulación de los
objetivos o competencias de aprendizaje, según la opción de cada docente.
En la década del 70, cuando
iniciaba mi trabajo profesional en Cuba, el Ministerio de Educación entregó a
cada docente el libro “La confección de los objetivos” de Robert F. Mager (1923
– 2019) cuyo aporte desde la teoría psicológica conductista resulta innegable,
entre otros, la orientación hacia una meta, el reforzamiento (consolidación y
entrenamiento del aprendizaje). De igual forma, la taxonomía de los objetivos
de Benjamín Bloom (1913 – 1999) en cognitivos, psicomotores y afectivos que
estableció, de forma esquemática, una división no menos interesante, de las
áreas del aprendizaje.
De entonces a la fecha han
pasado 50 años y obviamente los puntos de vista han cambiado con los aportes de
David Ausbel (1918 – 2008) hacia el aprendizaje significativo y constructivista
y de Lev Vigotsky (1896 – 1934) en cuanto al enfoque histórico cultural, teoría
de la zona de desarrollo próximo, el rol de la responsabilidad del estudiante
en el aprendizaje y el intercambio de experiencias entre docente y estudiantes,
entre otros.
Lamentablemente todos los
aportes a una nueva concepción del aprendizaje se mantienen en la teoría
mientras su aplicación práctica consecuente resulta insuficiente.
El planteamiento de metas a
los estudiantes (objetivos/competencias) implica necesariamente la integración
de habilidades, conocimientos y valoraciones. En dependencia del énfasis en uno
y otro factor pueden ser entendidas como predominantemente instructivas
(habilidades y conocimientos) o educativas (valoraciones), estas, en última
instancia como forma del conocimiento valorativo.
La habilidad está expresada en
la acción de aprendizaje que porta el objetivo, que durante el entrenamiento
llega a convertirse realmente en una habilidad. Esta recae sobre el sistema de
conocimientos, objeto de estudio, mientras la valoración está dada en la
apreciación del impacto, repercusión o significado del conocimiento.
Resulta imposible, aun cuando
una competencia se considere predominantemente instructivo, que los estudiantes
no se formen una u otra opinión del contenido. Del mismo modo, una competencia predominantemente
educativa porta una habilidad y un conocimiento determinado.
Por otra parte, las
competencias predominantemente educativas tienden a la formación de
valoraciones (juicios, puntos de vista, adopción de un determinado enfoque,
criterios cualitativos).
La formación de valoraciones,
junto a las habilidades, son elementos esenciales al aprendizaje, mientras que
los conocimientos envejecen rápidamente con el desarrollo de la ciencia, la
técnica y la tecnología. Ello significa, en pocas palabras, enseñar a aprender
y aprender a aprender para mantener el nivel de actualización que requiere la
formación de nuevos sistemas de conocimientos y en el ejercicio de la
profesión.
¿Por qué son tan importantes
las valoraciones hoy día?
La asimilación o construcción
de valoraciones tiene su base, en primer lugar, en la adquisición de valores preestablecidos
socialmente. Por ejemplo: el significado de Gabriel García Márquez en la
literatura hispanoamericana. La actitud, interés y emociones de los estudiantes
en la apropiación de ese valor está matizada por sus propios intereses y
motivaciones, las que pueden ser positivas o negativas, integrarse o no a su
concepción de la literatura. Si se logra en un sentido positivo y se incorporan
a la actividad práctica consecuente, llegan al nivel de las convicciones.
Durante muchos años de mi
ejercicio docente, le atribuí importancia a las valoraciones como componente de
las competencias y la necesidad de incorporar en los estudiantes el respeto a
la ética, los juicios ideológicos, políticos y la importancia de la ciencia,
técnica y tecnología en todos sus campos. Sin estos valores, el aprendizaje se
vuelve nulo, vacío, innecesario a su aplicación práctica, tan necesaria.
En los últimos años, la
Neurodidáctica destaca el rol de las emociones, relacionadas con las actitudes
y valoraciones. “En el proceso de aprendizaje de un sujeto, lo que abre la
puerta a aprender son las emociones, facilitando así la consolidación de los
recuerdos. De esta manera, es esencial tener claro que el estado de ánimo (…) así
como las emociones con que relacionen su trabajo, van a ser un factor
determinante para todo su proceso de desarrollo. Por tanto, para que un
recuerdo perdure en la memoria ha de ir asociado a una emoción, a ser posibles
positiva. (…) Por tanto, es esencial tener en cuenta dentro de la labor docente
el papel de promotores de emociones… (…) Habremos de ser también un agente
promotor de la motivación por las cosas nuevas y por el aprendizaje. Despertar
su interés con cosas significativas para ellos y para ellas, adaptándonos como
profesionales a su momento. Si asociamos el aprendizaje con aspectos y
emociones positivos, la motivación aumentará. Si por el contrario se asocia a
sensaciones desagradables, conseguiremos que esa motivación disminuya” (Fernández,
A., 2018).
En el sentido práctico, las
emociones positivas se inducen a través del diagnóstico previo al inicio de una
asignatura, unidad y clase, las estrategias de motivación, el claro planteamiento
de las competencias, su decodificación explícita, el significado del contenido,
la participación de los estudiantes a través de métodos activos y colaborativos
(por ejemplo, aprendizaje basado en problemas), evaluaciones relacionadas con
contextos reales o simulados de los estudiantes en los que se evidencie el
carácter práctico y utilidad del resultado así como formas de organización que
propicien la interrelación personal docente - estudiante y estudiante -
estudiante.
En síntesis, todo aprendizaje
que pretenda ser significativo deberá considerar las valoraciones y emociones
de los estudiantes. La sociedad necesita seres no solo penantes sino activa y
positivamente emotivos.
Les dejo con un corto video de
Víctor Küppers, de origen holandés, radicado en España. Licenciado en
Administración y Dirección de Empresas y Doctor en Humanidades. Trabaja como
formador, conferenciante y docente en la Universidad de Barcelona y en la
Universidad Autónoma de Barcelona. Considera trabajar en base a principios y
valores humanos.
Bibliografía:
Fernández, Alberto (2018) La importancia de las emociones
en el aprendizaje. Expertos en educación. Accesible en: https://www.fundacionquerer.org/2018/04/23/la-importancia-las-emociones-aprendizaje/)
Realmente creo estoy segura que la actitud es muy importante para lograr tus objetivos, en la vida profesional, ocupacional y personal
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