Reflexiones
sobre la formación humana y la comunicación en las plataformas virtuales
El trabajo educativo a través del proceso de
aprendizaje, ya planteado por los grandes educadores del siglo XIX y XX, tiene
hoy día connotaciones especiales.
La educación sistematizada en las instituciones
educativas, desde la escuela hasta la universidad y formación posgradual en
todos sus niveles, contribuye a la formación de rasgos de la personalidad de
los estudiantes. Los juicios, valores de toda índole, el pensamiento reflexivo,
analítico lejos de toda memorización y asimilación de esquemas pre establecidos
es la base de un aprendizaje bajo la propia óptica de cada estudiante en un
determinado contexto grupal y social.
En este proceso interviene de forma esencial la comunicación
estudiante – docente y estudiantes - estudiantes.
Respetando la ética que cada docente asuma, al
comenzar cada curso le solicito a los estudiantes que al igual que yo los tuteo
y llamo por su nombre, deben hacer lo mismo conmigo. “No me llamen por profesor
y menos Dr., me gastarán el título” Por lo regular las primeras expresiones son
de sorpresa pero pronto se asume y el intercambio, participación y ambiente
psicosocial en las clases se hace más fluido y personal, humano.
La comunicación e interacción social en el aprendizaje
presencial resulta mucho más fácil: la lectura del significado de expresiones
faciales, la postura, la percepción sobre la atención y emociones que se
expresan por los estudiantes.
En el aprendizaje virtual, si bien la comunicación
directa a través las clases interactivas, chats y otras herramientas y
aplicaciones, esta apropiación por parte del docente es mucho más compleja y
presenta limitaciones.
Algunas plataformas facilitan visibilizar a los
estudiantes, pero aún así, una imagen de todo el grupo o de estudiantes en
forma individual no ofrece la misma posibilidad que el contacto directo real.
Ciertamente la universalización de la enseñanza en
todos los niveles y particularmente en la educación superior, nos da acceso a
romper fronteras geográficas y cumplir con el derecho a la educación y
formación profesional con la incorporación eficiente y efectiva, didácticamente
sustentada de la tecnología educativa. De ello, no cabe la menor duda.
Prueba de ello son los programas de diplomado,
maestrías y doctorado nacionales e internacionales, cuyas experiencias datan
desde hace 10 años, quizás más.
La formación de valores se logra a través de la
naturaleza del propio contenido de aprendizaje, la solución de tareas de carácter
problémico, aplicaciones prácticas a la realidad, la retroalimentación objetiva
a las evaluaciones, orientación a la metacognición de los participantes y la
alerta sistemática de utilizar la técnica de copiar y pegar información de
fuentes de internet, lo que conduce a formas de plagio, lamentablemente
subsistentes en algunos estudiantes. Ello requiere de un trabajo dedicado, gran
esfuerzo y tiempo del docente. Si no hay exigencia y claras reglas del “juego”
de aprendizaje el “aprendizaje” puede convertirse en memorístico, falto de
significado, valor, utilidad, impacto y practicidad.
En mi experiencia personal, he participado como
facilitador en programas de maestría y doctorado virtuales, particularmente de
la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca.
Pienso, modestamente, haber logrado tanto la comunicación y formación de
valores de forma adecuada, con la limitación del contacto directo, cara a cara
con los estudiantes.
En mi criterio, estos programas virtuales podrían
contar, bajo una logística y organización depurada, de sesiones presenciales de
intercambio de experiencias con una relación interpersonal provechosa para
todas las partes. Dadas las distancias geográficas, estas sesiones serían
factibles en sedes regionales con personal docente asignado a estas tareas. En
el caso de cursos internacionales, en cada país en el que participe un número
significativo de estudiantes. ¿Cuántas sesiones? ¿Una por módulo? ¿Dos o tres a
lo largo del programa? Cada institución debería decidir al respecto.
Plataformas como Meet.ji.si, Zoom, Teams contribuyen en este sentido, son funcionales
y valiosas, pero aún resultan insuficientes. Nota al margen, hoy presencié una
misa por el fallecimiento de una amiga a través de la plataforma Zoom ante la
necesidad de #QuédateEnCasa# Tecnología en las funerarias, lo nunca
visto!!!!!!!
Confiemos en que la propia tecnología educativa aporte
nuevas y más activas formas de comunicación interactivas y que se logren
incorporar estas sesiones presenciales.
Los dejo con un video muy interesante dirigido a
padres de familia. El facilitador, ya entrado en años (como este autor)
reconoce el importante rol de la tecnología educativa, sin embargo……….espero sus
reflexiones.
Amado, lo que más rescato es la coincidencia entre lo que afirma Francisco Mora en el video y lo que docentes como tú representan "transmitir la humanidad" lógicamente también vendrá acompañado del conocimiento.
ResponderBorrarHace un par de años atrás cuando se proponía en la UMSA la implementación de cursos virtuales, un coordinador dijo: "mejor traiganse robots y prescindan de todos nosotros", un criterio que aún muchos profesionales conservan y temen, como si la máquina fuese a remplazar al docente. Nada más lejado de lo que bien describes en el blog de hoy.
Gracias!!!!!
BorrarComo tu estudiante de doctorado, debo decir que tu persona es la prueba que si uno tiene vocación y calor humano logra transmitirlo también a través de una modalidad virtual. No digo que prefiero la forma de enseñanza a distancia -al opuesto. Sin embargo, para mi son sobre todo obstáculos de naturaleza organizativa. En lo que se refiere la relación humana, en mi experiencia (madurada también por interacción con profesores estadounidenses y europeos) no es preciso estar en presencia de un docente para darse cuenta si es arrogante o no. El tono desdeñoso o apreciativo de la respuesta, la impaciencia o la tolerancia hacia las objeciones, la simplicidad o la presunción en el trato, la distancia entre lo que afirman y lo que pueden probar, son todas características que encuentran grietas también a través de la más impersonal de las comunicaciones: la escrita. Un abrazo!
BorrarGracias, coincidimos, la peli limitación es la del docente mediocre.
BorrarQuerido Amado, ciertamente la tecnología se convirtió en una necesidad para la educación actual, y es más cierto que la ética debe estar presente en este tipo de enseñanza, sobre todo la relación docente-estudiante, en el cual se debe manifestar la cercanía y la relación horizontal.
ResponderBorrarGracias por compartirlo!!!
Amado, efectivamente la implementación de la tecnología en la educación muestra avances significativos, por lo que es necesario incorporar ciertas herramientas en la curricula educativa, y ojo que eso no quiere decir de mecanizar las asignaturas si no más bien darle un toque de virtualidad sin dejar de lado la parte humana al cual haces referencia líneas arriba. Del puntero a la realidad virtual es un hecho y hoy lo vivimos con esta crisis mundial
ResponderBorrarMomento impuesto por una crisis sanitaria. Momento ya de impulsar con eficiencia la tecnología.
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